Margarita

Tal vez suene tonto, y quizás redundante, pero para mí, siempre, Margarita, tú has sido la flor más bonita. Blanca, con colochos dorados rodeando tu sonrisa de medio sol. Incluso en la luna más oscura, tu visión me dio protección, y en las mañanas me ayudó a ver el cielo. Cuando caí en el desierto, sin agua, quemándome entre recuerdos dolorosos, mientras una parte de mi aún estaba encerrada en cuevas profundas de mi propio océano, tú alimentaste con paciencia mi impulso de ser. Cada salida a comer, cada mirada con la pregunta abierta: “¿Cómo te puedo ayudar a ser?”, sostuvo mi alma, mientras vivía la cárcel de un pasado incomprensible que por momentos me quitó la libertad. Tú no lo sabes, pero sentí tu protección y tu amor, aun cuando estaba congelada de miedo, sin poder avanzar. Vi tu mano extenderse para entregarme mi primera carta de libertad: ese primer trabajo que me recordó que yo tenía las llaves de la celda donde había elegido estar. Recuerdo, con pena y tristeza, el día en que te arranqué de mí. En el volcán de mi ira, tus pétalos, uno a uno, jalé, preguntándome, confundida, si me habías dejado de proteger, si era cierto que tu medio sol ya no brillaba. Ese día, no solo a ti te arranqué: una parte de mí también se fue. Aquella que pensaba que sin ti no podría ser. Hoy, más en prados que en desiertos, mi corazón te vuelve a ver: en medio de la luz que tus dorados colochos le dan a tu blanca piel. ¿Será que, después de aquel día oscuro, el sol volvería a salir? ¿O en la noche tu sonrisa estaría siempre oculta? No sé qué fue, ni quién fue, que un día me aclaró que tu medio sol siempre en mí brilla. Porque en cada respirar, tus abrazos y tus sonrisas me alimentaban, desde aquella vez que en tu adolescencia me tomaste para darme protección. Solo quiero siempre recordar tu medio sol, tus colochos y tu mirada amable. Porque sé que lloraste en silencio… siempre honraré tu recuerdo, pidiéndole perdón al tiempo por no haberte dado más amor y sonrisas, y aun así, como pudiste seguiste sonriendo, para darme ese medio sol que siempre me guió. No quiero dejar de verte. Pero aunque no te vea, tu recuerdo vivirá siempre, siempre, en mis desvelos… y entre mis sueños. Liana Julio, 2025

Comentarios

  1. Todas las almas confluyen en el dolor cuando están ligadas por el amor, por lazos de heroísmo de sus raíces, nos unió una raíz tan fuerte y profunda que siempre nutrió nuestros corazones con su bondadosa savia. Por eso somos sobrevivientes, esas que no abandonan la lucha hasta morir. En mi solo hay para ti un mar de sentimientos puros, que pueden compartir tus heridas y sanarlas.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Pequeño tesoro

Ese tejido perfecto que no entiendo