Traición, desencanto y amor

Pequeña, se enamoró de ese hombre. ¡Cómo le gustaba jugar con él! Reía, y reía… no podía parar de sentirse completa, amada, feliz… perfecta. Todo bien, podrías decir… Solo que había otro con él: uno enfermo, herido, perdido, agotado, obsesionado… quizás quebrado. Y ese otro perdía el control, se ofuscaba, no sabía qué eran los límites. Él creía que podía tocar, sentir y amar a una pequeña como lo hacía con una mujer. Probablemente, ni siquiera se daba cuenta en qué momento lo hacía. Probablemente, él muy chico fue utilizado, maltratado y quebrado por alguien más. Muy seguramente no conoció ternura ni protección; en su cuerpo había confusión entre traición, desencanto y amor. Se decía que su madre fue violenta: le gritó, lo humilló… Cuentan que su hogar se destruyó quizás antes de construirse. Padre y madre no se quisieron más, y él vio su mundo partirse... Adolescencia, quizás igual que la de cualquier latino: desvirgado por una prostituta. Total, como en muchos casos, el sexo es un tema oculto, tabú. Y así sigue: como una historia confusa, penosa, oscura y oculta. Así era el huracán que llevaba adentro, todas esas emociones enmarañadas: traición, desencanto y amor. Al final, encontrar el camino de salida fue un viaje de toda una vida. Y un día, de la nada, lo encontró: amó sin límites, puro; confió, descansó, y vibró al más bello de los tonos, en lo eterno, junto a Dios. Liana – 14 de mayo de 2023

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