Me pregunto: ¿dónde está la bondad? Entre tanta guerra, hambre y enfermedad, ahora se me hace difícil poderla encontrar. A veces la vislumbro entre unos y otros, como queriendo brillar, pero al final la oculta de nuevo el ego, la avaricia y el protagonismo. En eso recuerdo lo que el maestro quiso resaltar: en su último segundo no pudo más que brillar, entregando el alma a la verdadera bondad. Allí, solo, sin poder respirar, oprimido en la injusticia, el temor, la deslealtad, en total oscuridad de la nada, sacó fuerzas para gritar: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." Así, en la ciega confianza, sin verte, sin oírte, sin palparte, te pudo en el último minuto encontrar. Bondad, te pierdes en mí y en los demás, ayúdame en cada segundo de oscuridad a poder, como el Maestro, gritar que en ti me quiero abandonar. Nunca dejes de brillar más allá de esta humana oscuridad. Liana — 27 de septiembre de 2022
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Mostrando entradas de septiembre, 2022
Mi alma a tu alma
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Mi alma se siente fría, abstracta y desnuda. Tu alma en la mía, brilla, quema y perdura. ¡Qué locura! Derrochar querer, encerrarse en poseer, amarrarse a un ser... Vuela al rato mi alma, culta, sabia y madura. Sale de tu alma, sana, feliz y libre. Por un rato deja su cárcel, olvida el dolor y la amarga sazón. Mi alma entonces a tu alma al fin oye, mira y habla. Vuela mi alma y limpia la tuya. Liana — Mayo 2014
Ese adiós que no daré
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En la orilla del mar, con el viejo arrullo del oleaje, mi alma se va de viaje, hacia tu paisaje. Sumergido en ese adiós que no daré, en las olas que regresan se alimenta mi querer. Aunque ancle a la distancia, no puedo más que dejarme ir, sembrando huellas en la arena, con la esperanza como vela. Por toda compañía: el aire, el viento, el sol y ese oleaje que no cesa. Camino la ruta que ya conocí, esa misma que tú transitaste, esa que me quita el aire... Y así avanzo, contigo o sin ti. Las olas que me cantan le quitan peso a ese adiós: ese que no te quiero dar, ese que tuve que escuchar, que aunque pesado ahora esté, inevitable, el tiempo aliviará. Mientras, en la ruta busco la respuesta oculta, que, profunda y misteriosa, solo entiende el palpitar. Esa búsqueda me da paz, porque si algo tengo por cierto, si algo ilumina este viaje, es saber que esa respuesta llegará. Liana — Mayo 2014
Zombis de lo irreal
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Camino entre cuerpos etéreos que se olvidaron de buscar. Zombis de un mundo astral, perdido en su caminar. No está en luchar la libertad, sino en dejarse guiar, vacío del mundo, vacío de lo material. Solo así, la esencia eterna —lo real— fluirá. ¿Dónde están los que aún lo creen de verdad? ¿Dónde quedaron los buscadores de lo trascendental? ¿Es espíritu en carne, o carne con espíritu? ¿O es algo más? ¿Acaso químicos, hierbas o el líquido de fuego ayudarán? Unas dan placer fugaz, otras te elevan en vuelo alto, o te sumergen en lo profundo, en un encuentro desnudo con tu propio centro. Y aun así… siempre hay que buscar, hay que caminar, hay que vivir amando, y abrazando ese único tesoro: el origen y el final. Lo que se viste de nada y lo tiene todo: la verdad. Se esconde adentro, donde da miedo entrar. En el silencio del palpitar. En cada respirar. Se esconde en lo secreto, en el adiós, en el “hola” que no dijiste, en el instante que acaba de pasar. ¿Eres tú mismo la divinidad? ...
Mi escultor
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No es fortaleza ni delicadeza, es una sutil belleza la que el cincel del escultor le dio a mi alma, llenándola de fulgor. La pulió, la limpió, la delineó; poco a poco la liberó de suciedad y migajas que oscurecían el brillo de su diamante… ¿Cuánto te falta, escultor? ¿Cuándo tu obra estará? ¿Podrá pronto brillar sin volver a ensuciarse, o, según tu ojo experto, ¿falta mucho más? Liana
Pétalos caídos
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Mis pétalos caídos en sueños perdidos reclaman ser recogidos, cada uno un dulce roce de feminidad, arrancado por aquellos que no saben valorar la ternura de mujer, la delicada tez del clavel. Abrazo protector y susurros de caricias que no encuentran un receptor, escondidos en el alma ocultan su necesidad de amor. Tristezas cargadas de temores: opresión, rechazo, burla, incomprensión, decepción... ¡Cuán amargo me ha sabido el amor! Como rosa solamente te puedo comparar, tierna alma de mujer, pues tienes espinas para defender tus delicados pétalos de quien no te sabe querer. Tengo la seguridad de que el Ser Supremo sí sabe escuchar los chillidos de esta alma que se muere por amar. Ya pondrá quien la sepa cuidar y saborear, sin manosear su dignidad. Mientras tanto, que aprenda a amar en la soledad, como exótica flor y valiosa prenda, hasta que la puedan encontrar... ¡¿Si es que ese día llegará?! Anciano y tierno maestro de caridad, en tus ojos mi alma encuentra dónde reposar. ¿No se...
Tu mosto
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Te buscan, airados, los vientos soleados, tanteando, sondeando tu huerto privado, cosecha de vinos y sueños añejos que solo la vid más antigua conoce al fondo. ¡Cómo disfruto de su mosto! Extiendo la mano para catar un poco; su dulce sabor, y el agrado de poseerlo, me sedan, me encantan, me ensalzan. Entonces, el viento entra, perturba la viña y casi la seca. Cuidado, viñero, no cedas. Por nada claudiques tu cosecha. Liana (2021)