Ese adiós que no daré
En la orilla del mar, con el viejo arrullo del oleaje,
mi alma se va de viaje, hacia tu paisaje.
Sumergido en ese adiós que no daré,
en las olas que regresan se alimenta mi querer.
Aunque ancle a la distancia, no puedo más que dejarme ir,
sembrando huellas en la arena, con la esperanza como vela.
Por toda compañía: el aire, el viento, el sol
y ese oleaje que no cesa.
Camino la ruta que ya conocí,
esa misma que tú transitaste,
esa que me quita el aire...
Y así avanzo, contigo o sin ti.
Las olas que me cantan le quitan peso a ese adiós:
ese que no te quiero dar, ese que tuve que escuchar,
que aunque pesado ahora esté,
inevitable, el tiempo aliviará.
Mientras, en la ruta busco la respuesta oculta,
que, profunda y misteriosa,
solo entiende el palpitar.
Esa búsqueda me da paz,
porque si algo tengo por cierto,
si algo ilumina este viaje,
es saber que esa respuesta llegará.
Liana — Mayo 2014
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