Me pregunto: ¿dónde está la bondad? Entre tanta guerra, hambre y enfermedad, ahora se me hace difícil poderla encontrar. A veces la vislumbro entre unos y otros, como queriendo brillar, pero al final la oculta de nuevo el ego, la avaricia y el protagonismo. En eso recuerdo lo que el maestro quiso resaltar: en su último segundo no pudo más que brillar, entregando el alma a la verdadera bondad. Allí, solo, sin poder respirar, oprimido en la injusticia, el temor, la deslealtad, en total oscuridad de la nada, sacó fuerzas para gritar: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." Así, en la ciega confianza, sin verte, sin oírte, sin palparte, te pudo en el último minuto encontrar. Bondad, te pierdes en mí y en los demás, ayúdame en cada segundo de oscuridad a poder, como el Maestro, gritar que en ti me quiero abandonar. Nunca dejes de brillar más allá de esta humana oscuridad. Liana — 27 de septiembre de 2022

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