Mi escultor

No es fortaleza ni delicadeza, es una sutil belleza la que el cincel del escultor le dio a mi alma, llenándola de fulgor. La pulió, la limpió, la delineó; poco a poco la liberó de suciedad y migajas que oscurecían el brillo de su diamante… ¿Cuánto te falta, escultor? ¿Cuándo tu obra estará? ¿Podrá pronto brillar sin volver a ensuciarse, o, según tu ojo experto, ¿falta mucho más? Liana

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